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Israel y el Tiempo de Angustia para Jacob

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Tengo la indeseable tarea de dar una perspectiva acerca de lo que las Escrituras llaman, “El tiempo de Angustia para Jacob”. Es un doloroso estudio de la devastación y sufrimiento, aún futuro, para Israel y el pueblo judío, pero yo creo que la Iglesia necesita que esta perspectiva sea introducida en su conciencia, para que no se encuentre a sí misma ofendida por las profundidades a las que Dios irá al tratar con esta nación Jacob-para que así puedan finalmente convertirse en el verdadero Israel de Dios. No sólo será el Jacob en Israel el que será la víctima de tal devastación, sino Jacob en donde quiera que sea hallado en la tierra. No es el tiempo de angustia política para Israel, sino el tiempo de Angustia para Jacob. La presente Israel política es Jacob, pero no por eso exime al Jacob que está en el mundo. Como la Iglesia, necesitamos que esto sea introducido en nuestra casa, porque el pueblo Jacob que está en nuestras ciudades y naciones no será eximido del cernidor y refinador fuego de Dios.

El motivo de Dios hacia Israel no es por la virtud de Israel. Si Israel tuviese virtud, no estarían sufriendo las calamidades que han venido. El los escogió por ninguna otra razón que la de que El los ama. No es por lo linda que es Israel, sino por quien y lo que Dios es. La revelación final de Dios es que Sus severos tratos y misericordia sobre esta nación provienen de Sí mismo. Tendré misericordia del que Yo tenga misericordia”, no porque sea merecida, sino porque “YO SOY EL QUE SOY”, y “Yo seré el que Yo quiera ser”. Hasta que eso sea establecido, Dios no es aún Dios. Mientras sigamos pensando que hay alguna condición o calificación, ya sea en Israel o en la Iglesia, que lo obliga a ser misericordioso, aún no entendemos como debemos.

Aún hay algo dentro de nosotros, una justicia propia humana, que quiere ser reconocida por lo que es, y que no ha llegado al terreno de la pobreza que solamente hereda las bendiciones de Dios. Sólo son los pobres en espíritu que reconocen que no tienen ninguna distinción o calificación. Dios tiene que irse hasta las más recónditas profundidades para establecer ese punto. No hemos entendido correctamente qué tan profundo se encuentran asentados el pecado y la intransigencia humana. Israel es el libro de texto de Dios, pero primordialmente Su trato con ellos es la revelación de Sí mismo. Ha sido una dolorosa lección para Israel, pero es una lección que durará para toda la eternidad. Israel, aun dentro de su incredulidad y apostasía, es la nación escogida para revelar a Dios, mucho más debido a que actualmente ella es incrédula y apostata. En otras palabras, Israel está haciendo más para revelar a Dios dentro de su apostasía que lo que jamás hubiese logrado en su fidelidad.

La libre soberana gracia de Dios ha escogido a Jerusalén, la ciudad donde El fue crucificado y donde los profetas fueron apedreados y asesinados-y sin embargo es aún Su elección. ¿Qué diría usted de un Dios como ese? Nosotros hace tiempo habríamos rechazado y descartado cualquier pueblo que hubiese abusado de tal manera de su privilegio como lo ha hecho Israel. Las promesas de Dios, no obstante, permanecen irrevocables, incluso independiente y contrario al pueblo en sí mismo, que no consideran en absoluto la realización de su destino, y que ni siquiera quieren ser escogidos. Si estamos teniendo dificultad con estas declaraciones, la cuestión no es intelectual; es debido a que en algún lugar dentro de nosotros hay un residuo de justicia propia y confianza en nosotros mismos como hombres, que proyectamos sobre una perspectiva de Israel. Queremos que ellos tengan éxito porque nosotros queremos tener éxito con base en nuestra propia virtud y habilidad, en vez de ser con base en la de El. El no permitirá la participación parcial del hombre con base en lo que está dentro del hombre, pues El sabe lo que hay dentro del hombre.

El nombre ‘Israel’ fue dado a Jacob después de una culminante confrontación con el Hijo de Dios, la revelación pre-encarnada de Cristo, cuando lo vio a El cara a cara, luchó con El, fue tocado, dejado lisiado y recibió la bendición. Israel significa, ‘uno que ha luchado con Dios y con los hombres, y ha vencido’. El nombre fue dado después de una final confrontación de máxima categoría entre un hombre que vivía en su energía ‘Jacob’ y fuerza de voluntad y determinación, tanto así, que virtualmente le robó la herencia a un Esaú dispuesto, a quien Dios aborreció debido a que la entregó con tanta facilidad. Aunque Jacob tenía una buena intención, él no era más que un ‘embaucador’, que es lo que el nombre ‘Jacob’ significa. El era un hombre que estaba teniendo éxito por medio de sus propio engaños y embauques, y ningún embaucador podrá bendecir a todas las familias de la tierra. Algo le tiene que suceder al embaucador en su última trama, cuando llegue al final de sí mismo, y tenga tal interacción con Dios dentro de una lucha de combate máximo, que es transfigurado y se convierte en otro hombre-un hombre lisiado. Ya no puede seguir dependiendo en su propia savia y fuerza original. Ahora es dependiente del Dios que se ha permitido a Sí mismo conquistarlo.

Es el mismísimo escenario que está ocurriendo ahora en Israel. Es llamada Israel, pero se debería mejor llamar Jacob. Israel se encuentra afligiendo a sus vecinos, y amenazando al Medio Oriente con la propia auto-defensa de su fuerza y vida de Jacob, confiando en la fuerza de su propio brazo. Jacob tiene que convertirse en Israel, y no es una exageración decir que este tiempo de angustia para Jacob de los Últimos Días es la conclusión final de Jacob. El debe pasar a través de los intensos tratos de Dios dentro de una lucha final, y no la sobrevivirá, o pasará a través de ella, excepto cómo el Israel de Dios en una condición transformada, pues él se ha encontrado con Dios cara a cara. La saga completa será una reiteración de la lucha del Jacob original con el Señor para poder así convertirse en el Israel de Dios. Mientras que los judíos permanezcan dentro de su desprecio y supremo desdén por los gentiles, y hasta que sean transformados a través de una vida transformada, ellos no pueden bendecir a las naciones.

Por amor de Sion no callaré y por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que salga como un resplandor su justicia y su salvación se encienda como una antorcha. Entonces verán las naciones tu justicia… (Isaías 62:1-2a)

Cuando ese pueblo sea revelado no teniendo una justicia propia, sino la de El, entonces Dios será glorificado en la cara de todas las naciones. Traer a Israel hacia ese lugar, en donde su justicia es la de Dios, requerirá una purga que quite su propia auto-justicia [una justicia que Dios llama ‘inmundicia'] por medio de un juicio ardiente, uno tal que no ha sido visto antes. Bajo cierta lógica, este juicio debe ser mayor que todas las tribulaciones pasadas. ¿No podemos asumir, por tanto, que al ser mayor, debe incluir y sobrepasar toda calamidad pasada, y necesariamente de nuevo incluir dispersión, exilio y devastación en la Tierra? Cuando Dios dice, ‘mayor’ o ‘mayores’ que cualquier otra calamidad, entonces formula la pregunta, “¿Qué tan grande debe ser entonces esta calamidad final de Israel que lo purgue de su inmundicia a través del espíritu de fuego y de juicio?” Jesús se refirió a este tiempo en Mateo 24:21-22,

…porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo [ningún judío]; mas por causa de los escogidos [de Israel], aquellos días serán acortados. (Paréntesis mías).

En Isaías 6, el profeta vio al Señor alto y sublime, y clamó, “¡Ay de mí! que soy muerto” (v. 5a). Y después que el ángel tocó sus labios con el carbón encendido del altar, reconociendo que él era un hombre inmundo de labios, la respuesta de Isaías a, ¿Quién irá por nosotros? (v. 8b) fue, “Heme aquí, envíame a mí” (v. 8b). El después recibe el más aterrador mandato de ser una boca que no hablaría tanto de bendición como lo sería para pronunciar juicio aterrador:

Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad. (versículos 9-10).

Era una palabra que insensibilizaría a las personas, los ensordecería y entorpecería sus corazones. Los fijaría dentro de una condición apóstata. El envío de Dios del profeta no era para traer salvación, sino juicio, y Su palabra condenaría a la nación a la inhabilidad de arrepentirse o escuchar. Pero el profeta correctamente pregunta en v. 11, “¿Hasta cuándo, Señor?” Isaías entendía el carácter de Dios lo suficientemente bien para saber que el juicio no es la palabra final de Dios, sino más bien la penúltima [antes de la final]. El quería saber por cuánto tiempo permanecería esta condición. No es una exageración decir que esto describe la presente condición de Israel y, de hecho, la condición histórica de Israel. Aquella condición no ha sido aliviada o alterada desde el tiempo de Isaías hasta el día de hoy, y la historia de Israel, pasada y presente, testifica de ello. Israel aún se encuentra bajo esta condición de juicio, y así la pregunta de ‘¿Hasta cuándo?’ que Isaías formuló es enormemente significante. Y aquí está la respuesta,

Hasta que las ciudades estén asoladas y sin morador, y no haya hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto; hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres, y multiplicado los lugares abandonados en medio de la tierra. Y si quedare aún en ella la décima parte, ésta volverá a ser destruida; pero como el roble y la encina, que al ser cortados aún queda el tronco, así será el tronco, la simiente santa. (versículos 11-13).

Siempre ha habido un remanente salvo de judíos, existiendo en toda generación, pero como una nación, Israel se encuentra aún bajo este juicio y maldición, hasta que el ‘hasta’ sea cumplido-hasta que una vasta devastación venga sobre la nación, asolando las ciudades, sus habitantes, casas deshabitadas, la Tierra totalmente asolada, y una gran expulsión. Habrá un vasto vacío en medio de la Tierra, y aunque sólo un remanente permanece, el texto sugiere que incluso ellos serán quemados. Tenemos aquí una declaración inicial que indica que hay un ‘hasta’ que no ha sido cumplido, y que cuando venga, requerirá de esta devastación y desolación dentro de la Tierra misma. Muchas otras Escrituras sugieren el mismo escenario, y las estaré citando. Esta es una devastación en medio de la Tierra, así que requiere de una presencia dentro de la Tierra para sufrir este escenario. Otras Escrituras proféticas confirman esto, que cuando el Señor traiga a los ‘redimidos del Señor’ de vuelta, la primera tarea que les espera es la reconstrucción de las ciudades que se encuentran en ruinas y desolación.

Es claro que cuando Israel sea removido de esta condición apostata, un cierto tipo de eventos debe suceder que dejan a la Tierra totalmente desolada y en ruinas, inhabitada y las personas echadas lejos. Esto es muy sugestivo de otros periodos en la historia de Israel en donde ha habido desolación, expulsión y exilio. ¿Cómo entonces interpretamos esta declaración como algo que aún no se ha cumplido, y solamente lo será cuando estas condiciones sean experimentadas? Esperan por el ‘hasta’ de devastación y un gran abandono en medio de la Tierra. Esto, por tanto, requerirá de una presencia en la Tierra. Nuestro error es el de entender al presente Israel como siendo en sí mismo el permanente Israel de la intención de Dios, en lugar de la presencia inicial que antes debe experimentar desolación y ruina. Y a partir de esa ruina surgirá el establecimiento de la gloria milenial. Mi sentir es que esta no es la descripción de ninguna de las experiencias previas de Israel, tanto de calamidades como de exilios, debido a que la condición de su corazón aún permanece y que será aliviada por esta catástrofe. Las Escrituras son claras; cuando esta violencia tome lugar a partir de una ruina y devastación final, entonces la condición habrá sido dada por medio de la cual la ceguera espiritual, la sordera y el corazón obstinado serán removidos de la nación.

Se necesita casi de una ceguera voluntaria para creer que el tiempo de angustia para Jacob es pasado, y que fue, como algunos dicen, el Holocausto de la Alemania Nazi. El engaño encuentra su oportunidad cuando los hombres no están dispuestos a considerar cosas duras; cuando tienen una escasa habilidad para soportar cosas de tipo apocalíptico, y quieren creer por algo ‘bueno’. El engaño viene hacia aquellos que no han tomado de corazón el asunto de la Cruz y el sufrimiento. De hecho, este sentir de lo que el futuro debe traer no necesita venir por medio de una alguna revelación mística; el completo significado de la Escritura es claro en que la manera redentora de Dios es siempre a través de la muerte y la resurrección. Es un principio fundamental de Dios del cual incluso Su propio Hijo no fue eximido, ni tampoco lo será Su nación escogida-o, por esta razón, la Iglesia. El esperar que Israel de alguna manera salga adelante sin esta necesidad, aunque las Escrituras son explícitamente claras, es extraordinariamente ingenuo.

Como lo he dicho, hay muchas Escrituras en los profetas para corroborar esta devastación, esperando por este hasta de Dios. Hasta que esto suceda, no habrá un desatar de Israel de su ceguera, sordera, o endurecimiento de corazón, y que este juicio, repetimos, debe primero tomar lugar en medio de la Tierra. Mi propio entendimiento profético es que las ciudades que serán reconstruidas durante el final y permanente retorno, efectuado por el Señor mismo, no son las ciudades antiguas, sino las existentes ciudades modernas de Haifa, Tel Aviv, Jerusalén, Tiberias, etc.

Así ha dicho Jehová el Señor: El día que os limpie de todas vuestras iniquidades, haré también que sean habitadas las ciudades, y las ruinas serán reedificadas. Y la tierra asolada será labrada, en lugar de haber permanecido asolada a ojos de todos los que pasaron. Y dirán: Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas. (Ezequiel 36:33-35).

Esto puede ser confuso, porque es fácil mirar al Israel de hoy en día, y asumir que la construcción que está tomando lugar ahora es la realización de estas Escrituras. Escrutinio de las Escrituras, sin embargo, y atención al detalle de ellas, son más significantes en esta hora para poder así indicar si es que lo que se describe es pasado o futuro. Y aquí tenemos que ser estudiantes cuidadosos de la Biblia, porque ésta dice que la desolación es el resultado de la violencia, y la reconstrucción es de acuerdo con el tiempo en que “os limpie de todas vuestras iniquidades”, que es, como lo indica la presente condición de Israel, aún futura. La devastación es futura, la restauración es futura, y las Escrituras indican el tiempo-“El día que os limpie de todas vuestras iniquidades” -que aún no ha venido.

Ezequiel continúa en el capítulo 36,

Y las naciones que queden en vuestros alrededores sabrán que Yo reedifiqué lo que estaba derribado, y planté lo que estaba desolado; Yo Jehová he hablado, y lo haré. (v. 36).

Hay un saber que aún es futuro, y la declaración “que queden en vuestros alrededores”, indica una clase de desastre regional que Israel puede evocar por el uso de su habilidad atómica. Eso es claramente una declaración de aquello que aún es futuro, y culmina con las naciones mismas reconociendo a Dios tanto en la desolación como en la reconstrucción. El mismo texto concluye con una referencia a la bendición milenial-aún futura,

Como las ovejas consagradas, como las ovejas de Jerusalén en sus fiestas solemnes, así las ciudades desiertas serán llenas de rebaños de hombres; y sabrán que Yo soy Jehová. (v. 38).

Sí, ha habido juicios, desolación, y expulsión en el pasado; este ha sido el patrón característico de los juicios de Dios sobre el pecado de Israel, pero la Escritura se refiere a un futuro y concluyente juicio, porque este termina con Israel al igual que las naciones alrededor sabiendo que Dios es el Señor. Ninguna desolación o ruina previa ha llevado jamás a cabo este conocimiento. Así que la Escritura misma indica que estamos hablando acerca de un tiempo futuro.

Hay otro texto de apoyo en Amos 9,

En aquel día Yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado Mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto. (v. 11-12).

Y traeré del cautiverio a Mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán. (v. 14).

Del contexto, es claro que la referencia en Amos 9 del tabernáculo [caído] de David no es hacia una forma de adoración, sino una forma de gobierno. Las Escrituras que le siguen hablan de un Edom y todas las naciones sobre los cuales es invocado “Mi nombre” cayendo bajo, o siendo sometidas a, o afectadas por, la restauración del tabernáculo de David. Ellas no van a estar realizando danzas hebreas [como algunos interpretan el significado], sino cayendo bajo la autoridad del gobierno que ha sido levantado en ese tiempo. Así que con la restauración de Israel también es la restauración, o el establecimiento de, el Reino de Dios, el Reino Davídico, el cual sabemos es aún futuro. La palabra ‘Edom’ es un término simbólico que se refiere a las naciones gentiles.

Yo, el que despierta la palabra de Su siervo, y cumple el consejo de Sus mensajeros; que dice a Jerusalén: Serás habitada; y a las ciudades de Judá: Reconstruidas serán, y sus ruinas reedificaré. (Isaías 44:26. Énfasis mío).

Porque tu tierra devastada, arruinada y desierta, ahora será estrecha por la multitud de los moradores, y tus destruidores serán apartados lejos”. (Isaías 49:19).

Todo Isaías 51 habla de Israel siendo atrapada, como antílope en la red, con el enemigo “caminado por encima de ella”. Indica una colosal derrota y humillación, que tiene mayor sentido, ahora, dentro del contexto de los presentes eventos mismos. Los enemigos de Israel, el odio islámico, no están satisfechos con una simple derrota, sino desean, y obtendrán, la máxima humillación de Israel. Y de esta manera, no es extraño tener que esperar por un entendimiento de un texto profético hasta que nos acerquemos al tiempo de su cumplimiento. Esta referencia en Isaías 51 estaba en las Escrituras siete siglos antes del advenimiento de Cristo, pero ahora, en esta presente hora, con la amenaza hacia Israel-los enemigos que la rodean, el odio vitriólico hacia ella, la insaciable necesidad islámica de venganza-estas Escrituras entonces adquieren sentido. Esta es una forma de leer y entender las Escrituras, que han estado posicionalmente allí, pero han esperado por una proximidad hacia el tiempo y los eventos para aclararse.

Jeremías capítulos 30 y 31 son los textos clásicos que describen gráficamente esta devastación.

“Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los cautivos de Mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán.

Estas, pues, son las palabras que habló Jehová acerca de Israel y de Judá. Porque así ha dicho Jehová: Hemos oído voz de temblor; de espanto, y no de paz. Inquirid ahora, y mirad si el varón da a luz; porque He visto que todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer que está de parto, y se han vuelto pálidos todos los rostros. ¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será librado.

En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, Yo quebraré su yugo de tu cuello, y romperé tus coyundas, y extranjeros no lo volverán más a poner en servidumbre, sino que servirán a Jehová su Dios y a David su rey, a quien Yo les levantaré. Tú, pues, siervo Mío Jacob, no temas, dice Jehová, ni te atemorices, Israel; porque he aquí que Yo soy el que te salvo de lejos a ti y a tu descendencia de la tierra de cautividad; y Jacob volverá, descansará y vivirá tranquilo, y no habrá quien le espante. Porque Yo estoy contigo para salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.

Porque así ha dicho Jehová: Incurable es tu quebrantamiento, y dolorosa tu llaga. No hay quien juzgue tu causa para sanarte; no hay para ti medicamentos eficaces. Todos tus enamorados te olvidaron; no te buscan; porque como hiere un enemigo te herí, con azote de adversario cruel, a causa de la magnitud de tu maldad y de la multitud de tus pecados. ¿Por qué gritas a causa de tu quebrantamiento? Incurable es tu dolor, porque por la grandeza de tu iniquidad y por tus muchos pecados te he hecho esto.

Pero serán consumidos todos los que te consumen; y todos tus adversarios, todos irán en cautiverio; hollados serán los que te hollaron, y a todos los que hicieron presa de ti daré en presa. Mas Yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda.

Así ha dicho Jehová: He aquí Yo hago volver los cautivos de las tiendas de Jacob, y de sus tiendas tendré misericordia, y la ciudad será edificada sobre su colina, y el templo será asentado según su forma. Y saldrá de ellos acción de gracias, y voz de nación que está en regocijo, y los multiplicaré, y no serán disminuidos; los multiplicaré, y no serán menoscabados. Y serán sus hijos como antes, y su congregación delante de Mí será confirmada; y castigaré a todos sus opresores”. (Jeremías 30:3-20. Énfasis mío).

No se calmará el ardor de la ira de Jehová, hasta que haya hecho y cumplido los pensamientos de Su corazón; en el fin de los días entenderéis esto. (v. 24).

Debemos preguntar que si lo que está siendo descrito acá es una descripción de cosas que ya tomaron lugar en el pasado de Israel. Sí, ha habido derrotas; ha habido expulsiones; ha habido enemigos que han llevado a Israel bajo cautividad. Pero, “Yo soy el que te salvo de lejos a ti”, implica que Israel es echada otra vez hacia las naciones, “y a tu descendencia de la tierra de cautividad; y Jacob volverá, descansará y vivirá tranquilo, y no habrá quien le espante”. Esta no es una descripción del reestablecimiento de Israel en 1948, porque aún están siendo aterrorizados; no se encuentran en el lugar de seguridad. Esta ‘paz, descanso y tranquilidad’ es algo que le sigue al tiempo de angustia para Jacob, y evidentemente es aún futuro, porque la presente condición de Israel no puede ser descrita como estando ‘en descanso’. Que esto no haya sido la consecuencia de los desastres previos es evidente por la condición sin cambio que la nación aún conserva hoy en día. Israel debe exhibir su bancarrota moral, no porque sea Israel, sino porque es el hombre. Es la humanidad indispuesta a reconocer la declaración de Dios acerca de la condición humana, y por tanto debe ser condenada a verla en su propia conducta.

Sino que servirán a Jehová su Dios y a David su rey, a quien Yo les levantaré. (Jeremías 30:9).

Esto es idéntico a la promesa dada en Ezequiel 37, después que a los huesos secos de toda la casa de Israel [o lo que queda de ella] se les da vida, y son levantados de los sepulcros, y Judá e Israel, las dos ramas son unidas, y después el Señor dice, “Mi siervo David será rey sobre ellos, y todos ellos tendrán un solo pastor”; (v. 24a). Es otro aspecto que debe ser considerado en el completo resumen de las Escrituras que hablan de devastación y retorno, es decir, la conclusión milenial, que el Rey mismo, el gran David, Jesús, es levantado para gobernar sobre la nación ahora siendo restaurada, y cuyas ruinas están siendo reconstruidas.

Porque Yo estoy contigo para salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo. (Jeremías 30:11).

La escritura muestra el efecto del juicio de Dios sobre las naciones que son empleadas para traer el castigo a Israel. El dice, “y destruiré”. No hemos visto una destrucción de las naciones principalmente siendo utilizadas como la ‘vara de castigo’ que cae sobre Israel, indicando que el castigo en sí mismo es aún futuro. Es notable que las naciones empleadas para traer la destrucción se han, histórica e invariablemente, ido más allá de la intención de Dios, incitadas por furia demoníaca, y tomando un especial placer al traer dimensiones de sufrimiento y humillación sobre Israel por cuya razón ellas mismas sufren juicio, que también es aún futuro. “Y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré” sugiere que algunas de las naciones que existen hoy en día perderán su identidad cuando Dios realice el juicio del cual El habla.

Pero serán consumidos todos los que te consumen; y todos tus adversarios, todos irán en cautiverio; hollados serán los que te hollaron, y a todos los que hicieron presa de ti daré en presa. (Jeremías 30:16).

La palabra consumidos implica algo de proporciones catastróficas, no una pequeña molestia, o incluso una derrota, y muestra la vehemencia, amargura, y dominación total que los enemigos de Israel tendrán sobre ellos en este tiempo de angustia para Jacob. La violencia precipitará una expulsión de judíos, no sólo fuera de Israel, sino también fuera de todas las naciones, en cumplimiento de Amos 9,

Porque he aquí Yo mandaré y haré que la casa de Israel sea zarandeada entre todas las naciones. (v. 9a).

Ezequiel 20:23-44 apoya esta huida hacia el desierto de las naciones donde los judíos se encontrarán con otra entidad, cara a cara, en cuyo rostro será vista la luz de Dios. Al final de esta declaración en Jeremías 30 y 31 viene la bendición milenial, después la restauración prometida. En Ezequiel 36, las Escrituras hablan acerca de Israel aborreciéndose a sí misma por sus propios pecados después de su retorno.

Cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor. (Jeremías 31:13f).

Esto indica claramente, debido a la frecuencia de tales palabras, que la experiencia final de Israel en su historia-aunque su perpetuo gozo será sobre sus cabezas-es la memoria de su lloro, gemir, y pena. Esto no ha sido la descripción de ningún retorno a Israel desde el advenimiento del Estado en 1948, pero será descriptivo del retorno que sucederá en la expulsión de las naciones, que es precipitado por la explosión del tiempo de Angustia para Jacob. Ellos regresarán como los redimidos del Señor, y huirán de ellos la tristeza y el gemido. En muchos lugares, la promesa de Dios es que Israel no volverá a tener pena, no volverá a tener miedo, y no volverá a experimentar terror. Esto indica que la última experiencia histórica de Israel, tanto en la nación como en el mundo, será de miedo, terror, violencia, siendo devorada, siendo consumida y llena de tristeza y gemido. La tristeza y el lamento deben preceder el regocijo y la danza, tanto en los jóvenes como en los ancianos. Dios es explícitamente el agente, tanto de expulsión como de juicio, al igual que de retorno y descanso. Israel debe saber que “Yo, el Señor, lo he dicho y lo he hecho”. Dios mismo cambiará su tristeza en gozo.

Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido. (Isaías 35:10).

Ellos obtendrán de su Dios consolación y gozo. Israel debe conocer a Dios en esta totalidad, tanto en la severidad de su expulsión, como en la alegría y gozo de su retorno, cuando lo obtengan, y no antes por medio de una alternativa fabricada, humanamente conseguida.

Parte de mi controversia con otros predicadores proféticos, quienes afirman que el tiempo de Angustia para Jacob [el Holocausto Nazi] es pasado, es contestada por el hecho de que el tiempo de Angustia para Jacob no tiene su origen en Europa, sino en Israel mismo, dentro de la Tierra. Y por tanto indica, algo que aún no ha tomado lugar. Pero el escenario está siendo montado para aquella erupción y expulsión por medio de la presente presencia judía en la Tierra que necesariamente le precede. Nuestro error es el de malinterpretar aquella preliminar reubicación, sin importar lo extensiva, como la constitución del retorno final que surge del castigo anteriormente descrito. El continuar en ese error resultará en una trágica desilusión y una vergonzosa falta de preparación para ser para Israel en esa hora lo que debemos ser.

Y Jacob volverá, descansará y vivirá tranquilo, y no habrá quien le espante. (Jeremías 30:10f).

Si la angustia de Jacob es algo que ya tomó lugar, y el retorno también tomó lugar, entonces Israel debería estar experimentando una condición en donde no habrá quien le espante. Por el contrario, la presente Israel está llena de miedo, terror, preocupación, y ansiedad, no sabiendo cuando es que va a explotar la siguiente bomba humana en un centro comercial, o discoteca. Así que aquí tenemos clara evidencia de que el tiempo de Angustia para Jacob es aún futuro, pues de otra manera ellos estarían actualmente en un lugar de paz, en donde nadie los espanta. El hecho de que están espantados claramente indica que el tiempo de Angustia para Jacob es futuro. Y si la Angustia de Jacob es futura, y nosotros no estamos dando advertencia, entonces Israel y el judío van a sufrir una repentina devastación sin la misericordia de alguien advirtiéndoles. Y los creyentes dentro de la nación serán igualmente desechos con la catástrofe venidera, por la cual no tienen ninguna expectativa, en el mismísimo momento en que debieron haber provisto rutas de huida y refugio para un remanente que huye lleno de pánico.

Existen otras señales inconfundibles que indican lo que es futuro o pasado, como lo veremos a partir de otros textos, y una de las afirmaciones más evidentes que Dios hace es que, “En aquel día, Israel sabrá que yo, el Señor, lo he dicho y lo he hecho”. Actualmente, Israel no sabe esto.

Usted puede preguntar, ¿Dónde está la justicia y la rectitud de Dios, para que El los expulse de nuevo, habiéndolos traído de Rusia y Etiopía en la esperanza de ellos por seguridad en la Tierra? ¿Qué clase de Dios justo es este? ¿No han sufrido ellos lo suficiente? ¿Es El un Dios que traerá calamidad simplemente para servir Sus propósitos, o son Sus juicios del todo justos y verdaderos, y en exacta proporción a los pecados de las personas que los están experimentando a manera de juicio? Los juicios de Dios no son arbitrarios; El no es cruel y malicioso para infligirlos sin razón:

Porque como hiere un enemigo te herí, con azote de adversario cruel, a causa de la magnitud de tu maldad y de la multitud de tus pecados. (Jeremías 30:14).

Hay muchas acciones de injusticia y violencia siendo perpetradas en el presente sobre el ‘extranjero’ en la Tierra: encarcelamiento sin causa, brutales golpizas, intimidación, miedo, amenaza y el tipo de conducta que nosotros bien podríamos entender procediendo de las naciones gentiles, pero nos sobresalta si proviene de judíos. Dios está permitiendo que lo que hay dentro del hombre sea expresado, incluso lo que hay dentro del judío, porque el hombre judío no está exento de la naturaleza del hombre, para revelar lo que está dentro de nuestros corazones como hombres. Dios va a permitir que tenga su expresión, pues nuestros pecados de cierto nos juzgarán y hallarán.

La Tierra, debemos recordar, no está automáticamente garantizada para los judíos, sino es relativa a su obediencia de pacto, y el caminar a la luz de aquella obediencia es lo único que hace posible la sensibilidad de cómo tratar a un extranjero en medio de nosotros. Cada vez más frecuentemente, hay ciertos sectores de la sociedad judía [40% según una reciente encuesta] que aprueban que el ‘extranjero’ sea despiadadamente expulsado sin ninguna consideración. La historia ha completado todo un ciclo, y los judíos, que alguna vez fueron la víctima del maltrato de otras naciones, cada vez más se encuentran a sí mismos, irónicamente, ¡actuando de la misma manera, debido a la presencia que amenaza ahora su propia seguridad y preservación!

A pesar de su propia intención, ellos están exhibiendo, como nación, un carácter de otro tipo, que solamente empeorará, y no mejorará. Así debe ser, y Dios hará todo lo que se necesite para mostrarles a los hombres su auto-engaño. No estoy diciendo, por esto, que Dios no estuvo providencialmente ausente del reestablecimiento de Israel en 1948. Los hombres fueron ciertamente prominentes en efectuar el retorno por medio de sus propias finanzas, fuerza y proeza. Dios los ha preservado a través de guerras previas debido a la necesidad de darles a ellos esta experiencia, para que puedan comparar su propio intento fallido con aquel que El mismo va a efectuar cuando El los restaure y plante sobre la Tierra.

En el análisis final, y mucho más de lo que sabemos, son nuestros propios deseos carnales y ambiciones los que afectan nuestra teología y conducta. ¿Cuál es el deseo carnal y la ambición aquí? Una indisposición a que Israel tenga que enfrentar calamidad de nuevo-el desear tanto que ellos tengan éxito, particularmente por gentiles cuyas conciencias han sido heridas por el Holocausto y el sufrimiento judío, y que son incapaces de considerar el Holocausto como el juicio de Dios, sino más bien como el fracaso de la Iglesia, y que ahora quieren enmendar el error, y animar a Israel hacia toda falsa garantía de su seguridad. Es un deseo bienintencionado, pero como alguien correctamente dijo, “Los pasos hacia el infierno están pavimentados de buenas intenciones”.

Estoy diciendo que una cuidadosa examinación de las Escrituras proféticas, tanto aquí como en todo lugar, indican calamidades para Israel que son aún futuras, porque las cosas que siguen son bendiciones mileniales, seguridad, aceptación, restauración y el conocimiento de Dios, que este presente Israel aún no ha evidenciado. El presente Israel es solamente ‘de Dios’ en el sentido de ser un preliminar necesario para el completo, verdadero y último retorno. Si no hubiese una nación que experimentase la derrota y el exilio, no habría el quebrantamiento y dependencia de Dios que caracterizará al último y perpetuo Israel. No habría lo espiritual y celestial a menos que primero hubiese lo natural [Ver 1 de Corintios 15]. Es ‘de Dios’, lo que salva a los hombres de condenar y juzgar a Israel, “Miren como fracasan… Mire lo que están haciendo con los palestinos”. Debemos recordar que Israel debe fracasar; su esperanza en sí mismos y de sí mismos debe morir para poder ser la nación superior de Dios.

Si no estamos entendiendo esto, es porque no hemos abierto nuestras propias vidas a semejantes tratos de Dios, en donde El nos permitirá una medida de éxito sólo para llevarlo al lugar de fracaso, desilusión y quebrantamiento de corazón. Dios quiere mostrarnos que nosotros no podemos tener puesta la confianza en nosotros mismos; y no podemos aprender ese principio de manera académica o abstracta, sino solamente a través de nuestra propia experiencia dolorosa hasta la muerte. ¿Usted llama a ese un Dios de amor? Absolutamente, especialmente a la luz de la eternidad. Es debido a que hemos querido evitar, nosotros mismos, el dolor de los tratos de Dios con nosotros, que queremos evitar que tratos similares caigan sobre Israel. Hemos sido culpables de pensar sólo en términos de nosotros mismos, y no en términos de “la gloria de Dios por los siglos” (Romanos 11:36). Por eso es que tenemos una perspectiva inadecuada, porque nuestro enfoque ha estado sobre el asunto de evitar el dolor y el sufrimiento, en lugar del asunto de la gloria de Dios.

Existe otra inconfundible señal que puede mostrarnos la diferencia entre los juicios de Dios en el pasado, y aquellos que son futuros: es la manera en que Dios mismo juzga a las naciones gentiles que traen Su severidad sobre Israel. Vea el versículo 16 de Jeremías 30,

Pero serán consumidos todos los que te consumen; y todos tus adversarios, todos irán en cautiverio; hollados serán los que te hollaron, y a todos los que hicieron presa de ti daré en presa.

¿Ha sido Alemania consumida? De otros textos sabemos que lo que hoy en día llamamos Jordania (Edom) y Siria (Moab) están indicadas entre las naciones que serán juzgadas; son aniquiladas como naciones. Los juicios de Dios son severos sobre aquellas naciones que han afligido a Israel. El hecho de que esto aún no haya tomado lugar demuestra que estamos hablando de algo futuro.

… porque desechada te llamaron. (v. 17).

Permita que esa palabra penetre su mente. Un desechado es alguien que ha sido echado fuera.

Esta es Sion, de la que nadie se acuerda. (v. 17).

Esto significa que no hubo evidencia alguna de misericordia siendo ofrecida a este pueblo.

No se calmará el ardor de la ira de Jehová, hasta que haya hecho y cumplido los pensamientos de Su corazón; en el fin de los días entenderéis esto. (v. 24. Énfasis mío).

Jeremías 31 nos lleva hacia el Nuevo Pacto que es hecho con Su pueblo restaurado, pero mire primero el versículo 2,

Así ha dicho Jehová: El pueblo que escapó de la espada halló gracia en el desierto, cuando Israel iba en busca de reposo.

A partir del desastre de la devastación, huida, persecución, exilio y ser echados hacia el desierto, un remanente de Israel encontrará gracia allí. Dios preparará para ellos un lugar de seguridad y descanso en el desierto. Hay además de esta una descripción simbólica de esto en Apocalipsis 12:6 en donde el Dragón busca devorar a la mujer, quien huye sobre las alas del águila hacia el desierto, hacia un lugar preparado para ella, en donde puede ser sustentada por tres años y medio. Mire como habla Dios en Jeremías 31:4a,

Aún te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel.

Aunque Jerusalén es llamada ‘Sodoma y Gomorra’ donde el Señor mismo fue crucificado, ¡Dios habla acá de Israel como una virgen! ¿Cómo entendemos esto? Es el precioso lenguaje redentor de Dios, a pesar de los pecados históricos de Israel y del hecho de que lo hemos blasfemado a El en toda nación a donde El nos ha esparcido. Cuando nos restaure, es como si el pasado fuese borrado y el remanente es llamado ‘la virgen’ y ‘los redimidos del Señor, con gozo perpetuo sobre sus cabezas’. Esta es nuestra gloria de resurrección. Tenemos una nueva vida y carácter que es virginal, que es lo que le sucede a creyentes individuales cuando son salvos, pero ahora le sucede a toda una nación por primera vez. Los tratos redentores de Dios pasan de la salvación individual a la salvación nacional, e Israel es la primera de las naciones en experimentarlo.

Irán con lloro, mas con misericordia los haré volver. (v. 9a).

¿Cuál será la raíz de este lloro? No es el sentimental ‘besar del piso’ que vemos en las pantallas de nuestros televisores cuando judíos retornan [aliyah] a Israel. Es el lloro del reconocimiento de Dios, a quien hemos blasfemado y rechazado, quien ahora se ha probado a Sí mismo de ser nuestro mismísimo Libertador de una condición en la cual nosotros mismos nos hubiésemos hallado totalmente desesperanzados. El retorno de Dios de Israel hacia la Tierra será uno de los más grandiosos milagros de los Últimos Días. En ese tiempo no habrá confusión alguna acerca de si es que fue la obra del hombre con nuestra propia habilidad y financiamiento o la obra de Dios. Es sumamente sobrenatural, y al mismo tiempo, la magnitud de nuestro pecado será revelado a nosotros. Veremos nuestra condición, nuestros juicios, y las misericordias de Dios, y si eso no nos rompe el corazón para producir lloro, ¡entonces nada lo hará! Será la más profunda contrición y remordimiento nacional jamás visto en la historia de la raza humana. Si una gracia no fuese otorgada, no seríamos capaces de soportarlo. Vamos a ser arrollados por una pena convulsiva, incapaces aun de arrepentirnos los unos frente a los otros:

Y la tierra lamentará, cada linaje aparte; los descendientes de la casa de David por sí, y sus mujeres por sí… (Zacarías 12:12).

Habrá tal profundidad de reconocimiento de nuestros pecados históricos y los de nuestros padres, y de la misericordia de Dios que sin embargo nos salvó de todo esto. Note la admonición hacia las naciones en Jeremías 31:10:

Oíd palabra de Jehová, oh naciones, y hacedlo saber en las costas que están lejos, y decid: El que esparció a Israel lo reunirá y guardará, como el pastor a su rebaño.

No son los hombres los que han esparcido a Israel; no son naciones adversas; no es la O.L.P. ni Arafat. Dios puede emplear a tales, pero es Dios quien esparcirá a Israel. El mismo Dios que es el Dios de severidad y juicio es también el Dios de misericordia y retorno. Dígale eso a las naciones, porque ellas necesitan saberlo.

Porque Jehová redimió a Jacob, lo redimió de mano del más fuerte que él. Y vendrán con gritos de gozo en lo alto de Sion, y correrán al bien de Jehová, al pan, al vino, al aceite, y al ganado de las ovejas y de las vacas; y su alma será como huerto de riego, y nunca más tendrán dolor. (Versículos 11-12)

Esta es muy claramente la descripción de algo que aún no ha sucedido en la experiencia de Israel como nación-pero sucederá. Cuando Dios promete que ellos jamás volverán a languidecer, debemos saber que es la bendición milenial. Aquellos que están tratando de traer un falso consuelo ahora, en este tiempo, y dicen que Israel no tiene por qué temer estas cosas, están prematuramente tratando de invocar esta clase de bendición milenial antes de tiempo. ¿Ha habido jamás un tiempo como este, cuando una cuidadosa exégesis de la Escritura es un asunto crítico de vida o muerte para la Iglesia? Se nos requiere que escudriñemos las Escrituras, porque el asunto crítico de si algo es pasado o futuro lo afecta todo.

“Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor”. (v. 13. Énfasis mío).

Todas estas repeticiones de dolor, lloro y miedo son claramente una descripción futura. Habrá gozo, pero es algo que viene cuando Dios alivie el lloro y el dolor que Sus propios juicios han precipitado. Esta, entonces, será la condición eterna de ellos. Jamás volverá a haber siquiera una marca de este tipo, pues solamente puede haber un dolor y un lamento cuando la más profunda esperanza de uno ha sido absolutamente desolada. Cuando la esperanza que pensábamos poder tener en un lugar de seguridad entre las naciones del mundo, que exhibiera un carácter de civilización judía con un tipo superior de moralidad y ética, finalmente se derrumbe y desaparezca en una terrible calamidad, entonces con seguridad el dolor y el lamento sucederán. Es más que una aflicción por pérdidas materiales; es un dolor y un lamento que surge cuando la esperanza humana, vacía de Dios, es hecha absolutamente estéril.

Así ha dicho Jehová: Reprime del llanto tu voz, y de las lágrimas tus ojos; porque salario hay para tu trabajo, dice Jehová, y volverán de la tierra del enemigo. (v. 16).

En su mayoría, la presente emigración hacia la Tierra ha venido de naciones que no pueden ser descritas como, “la tierra del enemigo”. ¿Se puede decir que esos judíos vienen de la tierra del enemigo, o es esta una muy cuidadosa descripción de aquellos que serán sus enemigos en formas aterradoras?

Esperanza hay también para tu porvenir, dice Jehová, y los hijos volverán a su propia tierra. (v. 17).

Es un evento final y redentor.

Conviérteme, y seré convertido, porque Tú eres Jehová mi Dios. (v. 18b).

Aquí está Israel reconociendo a su Dios.

Porque después que me aparté tuve arrepentimiento. (v. 19a).

Note que incluso el asunto del arrepentimiento es la obra de Dios, y no de los hombres. Dios ni siquiera le da a Israel la libertad o el lujo de llevar a cabo aquel acto con base en su propia habilidad. En Zacarías 12:10a, Dios dice,

Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, Espíritu de gracia y de oración; y mirarán a Mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito…

Esto es decir, que a no ser que ese Espíritu fuese derramado, este lloro no hubiese sido posible con la profundidad de arrepentimiento que después toma lugar. Mire lo absoluto que es Dios en cada detalle al insistir que solamente El mismo será el agente de la redención total de Israel. Dios es tan celoso como para no permitirle a Israel ser el agente de su propia restauración, o incluso de su propio arrepentimiento, ¡y que incluso la capacidad de ellos para arrepentirse está supeditada al Espíritu siendo derramado sobre la casa de David! El no va a confiar en nosotros para nada, para que no podamos después decir, “Fue mi arrepentimiento el que me convirtió“, y que “yo puede ver” y “yo”, “yo”, “yo”. Cuando Dios dice muerto, ¡El lo dice incluso hasta en la posibilidad de arrepentirse! Su arrepentimiento viene después de su retorno-no antes. Si El no les hubiese dado aquella gracia, ellos no habrían sido capaces de arrepentirse por ellos mismos. Dios no compartirá Su gloria con otro.

Todo esto es a causa de que Israel representa al Hombre dentro de su autosuficiencia, y Dios, por tanto, tiene que demostrar a través de Israel, que en el hombre no hay nada bueno en absoluto; que El es todo en todos, y debe ser el Dios de su restauración al igual que El es el Dios de su juicio. Dios es insistente, porque Israel necesita milenialmente comparar, como lo hemos dicho con anterioridad, su retorno previo, el Estado Sionista, en su gran mayoría el resultado de su propia proeza y habilidad humana, con aquello que es efectuado por Dios, por medio de Su propio poder.

Dios debe irse tan lejos como esto con esta nación, porque Israel y el judío son la empedernida terquedad del orgullo del Hombre, afinado, perfeccionado y establecido hasta su máximo nivel. Israel es la raza humana dentro su terca y pervertida humanidad, y Dios no nos dará siquiera un centímetro para hacer algo de lo que podamos jactarnos. Porque “de El y por El”, incluso el arrepentimiento, para que de esta manera pueda ser “para El” la gloria por los siglos de los siglos. Si tenemos problemas con este panorama, es porque no somos tan absolutos como lo era Pablo por la gloria de Dios. Nosotros mismos queremos mezclar un poco de lo que hacemos con lo que El hace, para que de alguna manera nosotros podamos atrapar un poco de aquella gloria. Nuestra incapacidad de ver el trato de Dios con Israel es la declaración de nuestra incapacidad de ver a Dios por nosotros mismos. Como la Iglesia, estamos proyectando sobre ellos la libertad que nosotros mismos deseamos, y no hemos reconocido lo absoluto y celoso que es Dios con respecto a Su gloria-y mucho más Su gloria por los siglos de los siglos.

¿Cuántos de nosotros queremos vivir con Dios de esa manera? ¿Cuántas personas quieren ser tan destituidas de cualquier habilidad en sí mismas, incluso ‘para hacer cosas’ por Dios? Pablo no estaba siendo poético cuando dijo, Porque de El, y por El, y para El, son todas las cosas”. El lo sabía a partir de la realidad de su propia vida en Dios. “Porque para mí el vivir es Cristo” no era una pequeña generalización, sino la más profunda descripción de la vida apostólica de Pablo. A menos que se vuelva nuestra, no habrá ninguna realización del misterio con respecto a la Iglesia y a Israel.

Toda carne sabrá, tanto en la severidad de los juicios de Dios como en la magnificencia de Su restauración y retorno, y la exaltación que El le concederá a la nación que ha sido en gran manera abatida. Estas son declaraciones no negociables. Ninguna cantidad de intercesión para hacer que Israel sea eximido de esta extremidad será efectiva, porque debemos reconocer que esta es la última declaración histórica de Dios de Sí mismo hacia las naciones, por medio de lo que será demostrado en Su conducta hacia Israel. Dios dice en Ezequiel 36:23,

Y santificaré Mi grande nombre, profanado entre las naciones, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas; y sabrán las naciones que Yo soy Jehová, dice Jehová el Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos.

En otras palabras, “Ustedes han blasfemado Mi nombre dentro de todas las naciones a donde los he esparcido. No piensen que estoy haciendo esto por causa de ustedes, sino por causa de Mi santo Nombre, el cual han blasfemado ustedes en todas las naciones a los cuales los he expulsado. La mismísima expulsión de ustedes es la declaración de su blasfemia en donde sus pecados demandaron este tipo de trato. Pero seré santificado por medio de ustedes; seré reconocido como santo; Mi nombre será rescatado y honrado una vez más delante de las naciones, a través de Mis tratos con ustedes, y las naciones reconocerán que Yo soy su Salvador, Redentor, Restaurador, y el Poderoso de Jacob”.

Esto claramente no corresponde a ninguna de las restauraciones pasadas en la historia de Israel. Ha habido el patrón de pecado, juicio, expulsión, pero nunca este tipo de precedente o testimonio hacia las naciones, o incluso hacia el propio reconocimiento de Israel de que Yo soy Jehová. Este reconocimiento es necesario, porque la nación tiene un llamado a bendecir todas las familias de la tierra, y no podemos comprender la extremidad y distancia a las que Dios irá en este trato con Israel en doloroso juicio, devastación, expulsión y retorno, a menos que lo consideremos dentro del contexto del destino y llamado de Israel-”una nación de sacerdotes”, y una “luz para el mundo”. Los dones y llamados de Dios son irrevocables. Debe ser cumplido; Su palabra y pacto deben ser honrados.

Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré Mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y Yo seré a ellos por Dios, y ellos Me serán por pueblo. (v. 33)

“Yo lo haré… Yo… Yo… Yo”. No tiene nada que ver con ellos, sino con El.

Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos Me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no Me acordaré más de su pecado. (v. 34)

Si contásemos la cantidad de veces en estos versículos en que Dios menciona que El hará algo, encontraríamos exactamente siete, el número de la perfección. Nada vendrá de Israel; Dios se reserva ese derecho para Sí mismo. Será un pacto eterno que ellos jamás podrán quebrantar. Sin importar lo apestoso que es el pasado de Israel hasta este momento en su infidelidad de pacto, no quebrantaremos éste jamás, porque “Yo lo haré… Yo… Yo… Yo… Yo”. Usted podría casi decir que los pactos pasados fueron dados para demostrar que los quebrantaríamos, y que teníamos que fracasar, y solamente Dios puede tener éxito en honrar Su propia Palabra y Su propia ley. Aquello, y sólo aquello, es una nación justa.

¡Qué revelación de Dios! “Yo lo haré, y lo haré al escoger aquello que es absolutamente insensato y débil, para que ninguna carne toque Mi gloria-y todo el mundo conocerá”. Esta es la revelación de Dios, la última y la final. Es Su eterna gloria, e Israel, dentro de su miserable fracaso, y sólo dentro de su miserable fracaso, puede revelar la grandeza de Dios, porque El escogerá a quien El quiera escoger, y El tendrá misericordia de quien El quiera tener misericordia.

En Su discurso de los “Olivos” (Mateo 24), Jesús es cuestionado por Sus discípulos, Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de Tu venida, y del fin del siglo?” (v. 3b). Y Jesús responde dando una de las más pronunciadas señales de un tiempo de angustia que vendrá para la nación de Israel,

Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie [ningún judío] sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados. (Versículos 21-22. Paréntesis míos)

Toda la declaración de Jesús en ese capítulo se refiere a la ‘abominación desoladora’, para que el que lee entienda, citando de Daniel en donde habla acerca de un anticristo que vendrá y profanará el templo, haciendo que las oblaciones y sacrificios cesen, y exigiendo la adoración de la nación, habiendo hecho con ellos un pacto de muerte que ha traído una aparente paz por un corto periodo de tiempo. Todo esto es claramente futuro, porque no ha habido semejante evento dentro de la historia de Israel que haya terminado en una expulsión con violencia en contra de ellos en su rehusar a condescender hacia esta figura anticristo, quien ha efectuado una aparente paz por un corto tiempo, por medio de negociaciones, que finalmente hace que Israel sepa que han hecho un pacto con la muerte y el infierno.

Así que esta es una señal del fin, y de Su venida, que debe tomar lugar dentro de la Tierra, incluso como leemos en Isaías 6, que esta es una desolación en medio de la Tierra, que confiere toda razón para la necesidad de que haya una preliminar existencia judía dentro de la Tierra. El estado de Israel de hoy en día no tiene el propósito de cumplir la intención milenial de Dios para la nación, sino más bien pone en movimiento aquellas tensiones y conflictos que requiere esta devastación, humillación y expulsión. Esto le da a Dios, en Sí mismo, la oportunidad para también efectuar su restauración y retorno, cuando las ciudades que han sido destruidas sean reconstruidas, y de tal manera, que aquellas naciones que queden en los alrededores conozcan que El es el Señor que lo ha hablado y lo ha hecho.

Por primera vez en todos mis años como creyente, ha surgido un asunto de tal tipo que formula la pregunta de ¿quién verdaderamente está hablando de parte de Dios? ¿Quién es la voz profética que está dando una correcta interpretación profética de las Escrituras?, porque yo creo que Dios da a aquellos que tiene tal llamado una perspectiva de la profecía que no es dada a los demás. Todo el asunto acerca de verdaderos y falsos profetas se ha enfocado de una manera que no había visto, y se ha convertido en una cuestión crítica para la Iglesia en su habilidad para discernir y reconocer cuál de estas voces está en verdad hablando el consejo de Dios. Históricamente, falsos profetas siempre han sido los que han dicho “paz, paz, cuando no hay paz”. Los verdaderos profetas han sido siempre los anunciadores de desastre, devastación por venir, y de juicio, y la nación no ha querido escuchar, así que sus voces, no siendo populares, han sido echadas a un lado. Parece ser que el mismo patrón y realidad son ciertos hasta el día de hoy.

Por tanto, el asegurarle a Israel que este tiempo es pasado, cuando aún es futuro e inminente, es dejarla totalmente sin preparación para lo repentina y extensa que será la catástrofe. El advertir lo inevitable que es esta catástrofe es animar a todos los que así lo deseen, a abordar el Arca de la Seguridad, que es el conocimiento salvador del Mesías. A la luz de lo que estoy sugiriendo, ¿no deberíamos estar ‘incomodando’ a los judíos con el asunto del Evangelio y la salvación, especialmente si hay una destrucción inminente? ¿Y que existe un lugar de seguridad que puede ser hallado, aun ahora, dentro del Arca de Seguridad que es Jesús mismo? En otras palabras, tenemos todos los incentivos para no relajar al Evangelio, sino para promoverlo. La manera en que leemos las Escrituras proféticas, y entendemos aquellas cosas que son futuras para Israel, determinarán nuestra presente actitud y postura hacia la nación.

Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será Mi pacto con ellos, cuando Yo quite sus pecados. (Romanos 11:25-27)

El asunto del retorno de Israel es el asunto de Dios mismo, e incorpora Su habilidad de mantener el pacto, y de honrar la palabra que El ha hablado. El conocimiento de Dios como Dios, tanto en el reconocimiento de la nación, y de todas las naciones, es la razón para estos severos juicios y misericordia de los Últimos Días sobre la nación, por cuya razón Dios dice, “Seré santificado en vosotros”. Cuando Su misión global sea consumada, y Dios obtenga un pueblo para Su nombre de en medio de las naciones, aquella “plenitud de los gentiles”, entonces vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será Mi pacto con ellos, cuando Yo quite sus pecados. Así que esto nos da un incentivo para completar nuestra misión y tarea, como la Iglesia, de encontrar un pueblo para Su nombre de en medio de las naciones.

El Reino y la gloria milenial esperan por la Iglesia, no por Israel, ¿pero qué si existe un aspecto cualitativo para esto al igual que uno numérico? ¿Qué si la plenitud significa, no sólo el número real, sino una cierta calidad por la cual Dios espera en la Iglesia, un cierto carácter, una cierta identificación con El mismo, que tiene que ver con nuestra santificación, la verdad de nuestra vida, y lo que somos al representarlo a El? De nuevo entonces, tanto en número como en carácter, el asunto de la liberación de Israel es el asunto de la Iglesia.

¿Cuál es por tanto la responsabilidad de la Iglesia si estas cosas son ciertas? ¿Tenemos nosotros una obligación para emitir una advertencia de inminente desastre que de otra manera dejará a los desprevenidos devastados? ¿Estará la sangre de ellos en nuestras manos si no sonamos una advertencia de juicios por venir, como centinelas sobre las murallas, que fallan en sonarla? ¿O seremos nosotros aquellos que les damos un falso consuelo; que sus problemas pasarán, y que no necesitan tener miedo de ninguna futura devastación? Esta es la pregunta crítica delante de la Iglesia en este momento histórico de tiempo.

El darle a Israel un consuelo preliminar antes de tiempo es el descalificarnos, como Iglesia, de ser un testigo profético para el judío. Jesús, al saber que Su amigo Lázaro, a quien amaba, estaba enfermo, no se apresuró inmediatamente a ir a su lecho para sanarlo, o para liberarlo de su angustia, sino se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Existe algo simbólico dentro de los dos mil años que deben cumplirse antes del tercer año, incluso como habló Oseas, “Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de El” (6:2).

Hay un tercer día por el cual debemos esperar. El dar un consuelo prematuro es el obrar a partir de nuestra humanidad, y si Jesús hubiese hecho eso, aunque sanara a Lázaro, El le hubiese robado al Padre la gloria que vino después por su resurrección. Por esto era que Jesús les podía decir a Sus discípulos, Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. El tuvo igualmente que sufrir la humillación de ser malentendido por Sus discípulos, que probablemente asumieron que El tenía miedo de ir a Betania, pues estaba demasiado cerca a Jerusalén, en donde Su vida ya había estado en peligro. Sin embargo, no tenía nada que ver con salvarse a Sí mismo, sino todo que ver con mantenerse a Sí mismo sujeto dentro de un límite profético, y no actuar antes de tiempo, prematuramente, al traer un alivio, cuando Dios tenía algo más en la mira para Lázaro que un alivio, es decir la revelación de Su gloria, al levantarlo de los muertos. Y yo creo que esa es una extraordinaria ilustración de la relación de la Iglesia con Israel en los Últimos Días. El darle a Israel un falso consuelo ahora es descalificarnos a nosotros mismos de poder estar de pie más tarde frente a su tumba, diciendo, “¡Lázaro, ven fuera!”. En Su obediencia al Padre, Jesús contuvo todo impulso humano de ir al lecho de un amigo, a quien amaba, y esperó por el momento escogido de Dios, no sólo para efectuar un alivio de la enfermedad, sino una resurrección de los muertos para la gloria.

Una Iglesia que se aparta de semejante perspectiva apocalíptica se hace a sí misma candidata para la apostasía, cuando la desilusión y decepción de la calamidad inesperada caigan de repente. El Apóstol Pablo habla acera de un “gran apartarse de los Últimos Días”, y yo creo que parte de este apartarse surgirá de la decepción de una Iglesia esperando ingenuamente que el presente Israel Sionista sea la consumación de la intención profética de Dios. En aquel ‘fracaso’, Dios será visto como el que ha fallado. Para salvar a la Iglesia de una apostasía causada por la decepción, es imperativo que tengamos una anticipación correcta y profética de aquellas cosas que necesariamente deben suceder, y no ser decepcionados cuando veamos al presente Estado siendo dispersado, y reducido a nada-sabiendo que hay algo mucho mayor reservado por cuya razón este castigo fue necesario.

El tener la esperanza de que la nación, Israel, puede ser ‘mejorada’ es más una perspectiva progresiva de cambio que una perspectiva apocalíptica. Es la mentalidad humanística creer que puede haber una mejora en lugar del requerimiento de un juicio, muerte y resurrección apocalíptica. Así que aquí tenemos una extraordinaria pregunta de cómo entendemos a Dios y Su obra redentora. Aun si la presente amenaza sobre Israel fuese aliviada, ¿no han cruzado ellos una condición de no retorno de carácter moral que no puede ser recuperada? La pérdida moral que viene a través de la violencia, la corrupción, y del uso de tortura no puede ser recuperada. Israel se ha ido tan lejos en su respuesta hacia las amenazas que esto mismo puede que la haya animado, así que si aun aquella amenaza es aliviada, el carácter de la nación es ya irrecuperable, y jamás podrá ser mejorado. Si el carácter de la nación pudiera ser mejorado, nosotros, como creyentes, no necesitamos nuestra propia salvación; nosotros, también, podríamos ser mejorados dentro de nuestra condición natural, y no necesitamos ser nosotros mismos llevados a la muerte y ser resucitados hacia una nueva vida. Es exactamente la misma pregunta para nosotros en la medida que es pertinente para Israel misma.

Así que la crisis de Israel es la provisión de Dios para despertar a la Iglesia de su propio sueño escapista y falta de preparación. Esta debe obligar a la Iglesia a regresar hacia la conciencia apostólica que tiene como centro el sufrimiento necesario que le precede a la gloria. El asunto de la “la gloria de Dios por los siglos de los siglos” debe llevarnos al tipo de reconocimiento de la Cruz, imperativo para nosotros en el cumplimiento de nuestro propio papel hacia Israel. Es por medio de lo que nosotros, la iglesia, le extenderemos a Israel, a un costo muy alto para nosotros, que hará que los redimidos de Jehová vuelvan, y vengan a Sion con alegría; y gozo perpetuo sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido” (Isaías 35:10).

En el Salmo 102, hay otra referencia del Libertador viniendo de Sion cuando el tiempo apropiado para establecer Sion ha llegado. Dios está esperando por algo, no algo proveniente de Israel en sí, sino ‘alguien’ llamado ‘Sus siervos’.

Te levantarás y tendrás misericordia de Sion, porque es tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo ha llegado. Porque Tus siervos aman sus piedras, y del polvo de ella tienen compasión. (Versículos 13-14).

En aquel tiempo, el Libertador saldrá de Sion, y quitará sus trasgresiones y la restaurará, no por algo que Israel haga, sino por algo que Sus siervos hacen, quienes no son ellos mismos Israel. Pues si Israel fuese Sus siervos, no estarían en ninguna manera requiriendo juicio. ¿Es el polvo al cual se hace referencia acá el polvo de la antigüedad? ¿O son las piedras, las piedras de las ciudades antiguas? ¿O son estas las ruinas de Haifa, Tel Aviv, Jerusalén, y todas las ciudades actuales de Israel? ¿Podrían ser los siervos la Iglesia Cristiana creyente, que están tan identificados con Israel, y que no son repelidos por los juicios sobre ella, sino más bien identificada con ella dentro de ellos, y puede, por tanto, tener una compasión de Dios por la pecadora Israel dentro de sus juicios? ¿No se identificó Jesús con nosotros, mientras estábamos aún en pecado? Cuando tengamos una actitud hacia Israel, dentro de su pecado, de la misma clase que tuvo Jesús hacia nosotros cuando estábamos aún en el nuestro, el cumplimiento por lo que Dios espera habrá llegado; el tiempo establecido para favorecer a Sion viene cuando la verdadera Iglesia se encuentre dentro de una identificación con Dios, dentro de una unión de máxima categoría con El, y dentro de Su compasión hacia Israel, como El lo expresó hacia nosotros dentro de Su compasión por nosotros cuando éramos aún pecadores.

El amar las piedras de Israel y tener compasión de su polvo vendrán al mismo momento en que el mundo está engordándose en su deleite sobre la devastación que llevará a Israel hacia la ruina. Al mundo gentil le encantará esto, y estarán gozándose de toda la angustia de Israel. Solamente habrá un pequeño remanente sobre la tierra que no se unirá a este coro global de deleite por la angustia de Israel, es decir, el verdadero pueblo de Dios, aquellos que amarán sus piedras y tendrán compasión de su polvo. Cuando Dios haya obtenido eso en la Iglesia predominantemente gentil, el tiempo establecido para favorecer a Sion habrá llegado, pues la Iglesia habrá llegado al lugar de la intención de Dios, lo que permite que El pueda liberar a Israel. No es lo que Israel diga o haga, pues ella estará inerte, indefensa, y devastada; es lo que nosotros, como la Iglesia, exhibimos-no lo que nosotros podemos expresar a partir de nuestra humanidad o intención religiosa.

Una cosa es tener un afecto sentimental por Israel, pero el tener una compasión y misericordia cuando esté en juicio por sus pecados, requiriendo la devastación de sus ciudades y expulsión, es una identificación más allá de lo que podamos llevar a cabo humana y religiosamente. No es nada más sino lo que Dios es en Sí mismo, ahora forjado en Su pueblo. Cuando El tenga una Iglesia-novia como esa, los propósitos de Dios serán cumplidos, tanto para la Iglesia como para Israel.

La mismo es expresado en Isaías 66 en una forma muy críptica y misteriosa:

Antes que estuviese de parto, dio a luz; antes que le viniesen dolores, dio a luz hijo. ¿Quién oyó cosa semejante? ¿Quién vio tal cosa? ¿Concebirá la tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez? Pues en cuanto Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos. Yo que hago dar a luz, ¿no haré nacer? dijo Jehová. Yo que hago engendrar, ¿impediré el nacimiento? dice tu Dios. Alegraos con Jerusalén, y gozaos con ella, todos los que la amáis; llenaos con ella de gozo, todos los que os enlutáis por ella; para que maméis y os saciéis de los pechos de sus consolaciones; para que bebáis, y os deleitéis con el resplandor de su gloria. (Versículos 7-11)

Lo que había sido un objeto de luto, ahora se ha convertido en un objeto de deleite. Lo que había sido estéril, es ahora abundante en su seno, y ahora ella sacia y alimenta a aquellos mismos que se enlutaron por ella, oraron por ella, y la dieron a luz como una nación, nacida en un día.

Porque así dice Jehová: He aquí que Yo extiendo sobre ella paz como un río, y la gloria de las naciones como torrente que se desborda; y mamaréis, y en los brazos seréis traídos, y sobre las rodillas seréis mimados. (v. 12)

Aquellos que sufrieron dolores de parto por la redención de Israel serán ahora cargados en sus brazos, y serán amamantados por ella. Lo que usted trajo a la existencia, por su trabajo de parto, está ahora beneficiándolo por medio de un singular consuelo que solamente puede venir de la consolación de un Israel que ha nacido en un día. Pero si usted no hubiese tenido dolores de parto, si Sion no hubiese tenido dolores de parto, no hubiese habido un nacimiento. Israel estará tan golpeada, agotada, e incapaz de cualquier acción en sí misma para efectuar su nacimiento, como nación, en un día, que alguien más tendrá que soportar los dolores de parto por ella.

Muéstreme una mujer hoy en día que haya experimentado dolores de parto, y que esté dispuesta a soportar los dolores por otra mujer, que está embarazada y que no puede llevarlo a cabo por sí misma. Es precisamente allí en donde usted tiene una ilustración de lo que Dios está esperando en la Iglesia. Los dolores de parto son muy dolorosos, de máxima categoría, y hasta el borde de la ‘muerte’, para que así algo pueda ser dado a luz de entre los muertos, a partir de un Israel incapaz de efectuar su propio nacimiento. Es enteramente voluntario, pero usted recibirá el beneficio de lo que será dado a luz, y recibirá consolación y bendición de lo que ha nacido en un día. ¡Es un misterio!

Es algo debatible si es que Isaías entendía lo que estaba hablando, pero él tenía que expresar lo que el Espíritu le estaba dando, y ahora nosotros somos los que tenemos que imaginar, interpretar y correctamente entender lo que está siendo místicamente descrito aquí. ¿Quién es este Sion? ¿Quién es este siervo que tiene compasión? ¿Cuál es esta plenitud de gentiles? Porque donde quiera que usted mire en las Escrituras, es la confirmación del misterio del cual Pablo habla en Romanos 11, que la Iglesia es la agencia escogida de Dios-no para “apartar de Jacob la impiedad”, sino para ser aquella presencia y vaso a través del cual la palabra dadora de vida del Espíritu pueda ser pronunciada.

Isaías 35 exhibe un papel adicional que este misterioso pueblo sirviente no identificado juega cuando dice, “Se alegrarán el desierto y la soledad” (v. 1). La naturaleza inanimada se regocija al ver algo que pasa a través del desierto, que la hace gozar y florecer como Sarón. Ellos están viendo a judíos maltrechos pasar a través del remoto desierto, y se están regocijando porque ellos saben que este es el trato final y redentor de este pueblo, y que resultará en su conversión y retorno. Significará que la maldición, que está sobre la creación misma, será levantada; es el regocijo por el fin de su propia atadura en la que la naturaleza misma ha sido mantenida, hasta la restauración de todas las cosas. Después leemos en el texto,

Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución… (v. 4a).

Aquí no se le está hablando a Israel. El “Decid a los” se está refiriendo a alguien en el desierto con Israel, a quien se le ordena decir algo a aquellos que están desgastados y lisiados.

Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles. (v. 3).

Los cansados y los endebles estarán en su mayor parte compuestos de judíos urbanos, quienes nunca en su vida han estado en una marcha desesperada como esta, dentro de los lugares y las condiciones más primitivos, llenos de desespero, y no parece haber ninguna luz al final del túnel. Es aterrador el estar perdido en un desierto, especialmente para citadinos, como lo somos nosotros los judíos, y de repente ser lanzados hacia la situación más desconocida y desesperanzada. Pero evidentemente hay alguien allí con nosotros, quien está siendo dirigido por Dios,

Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas. (Versículos 5-7).

Al ser esa palabra hablada, los cojos saltan, los ciegos ven, la naturaleza misma es afectada-los lugares desiertos se convertirán en manaderos de agua. Será una palabra que es más que la seguridad proveniente de los humanos, más que el ánimo humano bienintencionado; una palabra profética que siempre constituye un evento. Algo toma lugar cuando una palabra profética es hablada, pues es proferida con la autoridad de Dios. Pero es también una palabra que es hablada por una misteriosa y no identificada presencia en el desierto con los judíos, de la cual sale salvación para ellos, incluso antes de la aparición del Señor. Una esperanza ha llegado que hace que ellos salten-simplemente con la declaración, “¡Vuestro Dios viene!”

Pero tiene que venir con una seguridad cargada de tal convicción que crea o produce la realidad misma, y eso es lo que es una verdadera palabra profética. ¿Quién la hablará, y quién estará dispuesto a estar en el desierto con este maltrecho y sufriente pueblo, y quien de manera instantánea obedecerá el mandamiento, hablando con tal autoridad que produce la restauración de ellos incluso antes del advenimiento de la venida del Señor? Esa es la tarea de la Iglesia de los Últimos Días, y no vamos a encontrar esa unción profética o autoridad en un último momento, ¡si no ha sido consistentemente la suma de todos los momentos que la han precedido! La Iglesia siempre ha sido llamada una presencia profética sobre la tierra, y habla por Dios, con Su autoridad, para comunicar una esperanza, que si no llega a judíos en aquella condición de destitución de máxima categoría, ellos no sobrevivirán.

El asunto de la supervivencia en los campos de muerte Nazis no fue para aquellos que tenían la mayor fuerza física, sino para aquellos que tenían la mayor esperanza. La esperanza tiene un poder inherente. La desesperanza es cuando no hay luz al final del túnel, cuando usted está lleno de desespero, y a punto de perecer porque sus rodillas están endebles y sus manos están siendo arrastradas; usted está decaído y cojo, usted está listo para perecer, y si usted no recibe una palabra de esperanza, usted no sobrevivirá, aquella palabra es, por tanto, crítica.

¿Qué, por tanto, le da a una palabra profética poder y autoridad? Como la Iglesia, somos llamados a ser una presencia profética, para hablarles a estas personas a medida que pasan, con la autoridad de Dios, una palabra auténtica y autoritativa de esperanza que procede de la realidad de nuestra propia condición corporal y experiencia. Esto es totalmente distinto a simplemente recitar una fórmula. ¿En verdad conocemos a un Dios que se aparece en el momento más angustioso, porque hemos estado también nosotros mismos en momentos de angustia extrema, en donde nosotros mismos hubiésemos expirado por falta de ánimo? ¿Hemos sido probados en una situación comparable sobre la cual podemos ahora proferir una palabra de seguridad hacia Israel en aquella similar situación? ¿Estamos dispuestos a ser zarandeados? ¿Estamos dispuestos a recibir el intenso trato que es su prerrequisito?

Recuerde que el ‘hijo de hombre’ en Ezequiel 37 tuvo que ser llevado abajo, y sacado hacia el valle de los huesos secos. El tuvo que ver la realidad de la muerte de Israel antes de que pudiera dirigirse a ella. Despreciamos las cosas dolorosas, e incluso nuestra Cristiandad contemporánea nos ha dispuesto para desear escenarios más felices. Habrá un glorioso final para Israel, pero no antes del sufrimiento que le precede a la gloria. Israel será una nación castigada y quebrantada, que quedará como un aspecto permanente de un carácter que constituye su condición sacerdotal. Solamente dentro de esa condición es que ella puede ministrar a todas las naciones de la tierra, no a partir de la arrogancia con la cual asociamos hoy a los judíos y a Israel, sino a partir de la contrición y quebrantamiento que viene con el castigo y los tratos más severos de Dios. El castigo de Israel no será de forma cruel o arbitraria, sino en exacta proporción a los pecados que hacen justo a aquel juicio, y de hecho, puede muy bien ser la más grande declaración del amor de Dios.

Estamos sufriendo de una generación de padres que no aman a sus hijos lo suficiente como para castigarlos. Dios dice en Proverbios, que el fracasar en castigar a su hijo de hecho revela un odio por el, y un aun mayor amor por usted mismo al condescender. Pero el verdadero amor requiere la severidad de un castigo, uno que Dios no perdonará a Israel, y dentro de la severidad del trato de Dios, Israel reconocerá Su supremo amor. Dios inflige el castigo, pero también El sufre el terrible dolor de éste, y aun así no lo retiene. Algo sucede en el momento cuando esta nación-hijo y el Padre se abrazan con lágrimas y quebrantamiento, a través del castigo, que une a la nación con el Padre de una manera en que reconoce que jamás le ha conocido a El. Y es dentro de esta relación que Israel continuará conociéndole a El por el resto de sus vidas. Este castigo debe venir, y no debemos ofendernos por él, sino más bien darle la bienvenida nosotros mismos como lo que es, o no seremos capaces de ser para Israel lo que debemos. Al mismo tiempo que Dios trae el castigo, e inflige el juicio, dentro de Su compasión, El mismo es quebrantado en Su corazón por la necesidad de hacerlo. El no se deleita en lo que Israel tiene que experimentar-así venga a través de Su mano-ni tampoco nosotros nos debemos deleitar, aunque sabemos que es una necesidad.

Humanamente hablando, nosotros escogeríamos más bien otra forma para que la restauración de Israel fuese efectuada. Nosotros diríamos con Abraham, Ojalá Ismael viviese”. Pero debemos entender lo glorioso que es el destino de esta nación, y que no puede ser consumado en términos más baratos o inferiores. Los judíos se encontrarán a sí mismos en el desierto de las naciones, en donde lugares han sido preparados para ellos, en donde serán sustentados por tres años y medio. Esto no sólo es un sustento físico del cual ellos disfrutarán, sino también uno espiritual. Ellos recibirán una explicación, a partir de las Escrituras, en aquellos hogares, lugares y comunidades que los han albergado, y les explicarán por qué es que están sufriendo este castigo de los Últimos Días, profetizado en las Escrituras, y que debe ser consumado. Muchos judíos se encontrarán con Su Dios cara a cara en el desierto de las naciones (Ezequiel 20), y, por medio de esto, entrarán en los vínculos de Su pacto, y bajo la vara de Su autoridad, para que así puedan retornar a la Tierra [Sion] como los redimidos del Señor.

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