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El Espíritu de Verdad 07: Capítulo 6

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Capítulo 6

La Verdad Absoluta y el Espíritu de la Mentira

  

Llegar a Detenerse por Completo

Todo el que haya manejado un automóvil ha tenido la experiencia de llegar a una intersección. En forma lenta mira a ambos lados, y luego elige detenerse o deslizarse con lentitud y atravesar. La señal dice: “Pare por completo,” pero…es solamente una guía, una advertencia; no significa en realidad “pare por completo.” Después de todo, detenerse es tan inconveniente; en efecto, se desperdicia tiempo, se gasta mucha gasolina y se gastan los frenos. Por otra parte, se debe ir contra el momentum del vehículo que se encuentra ya en movimiento, así como contra una serie de actitudes y elecciones bien practicadas en favor de la auto-justificación, la facilidad y la conveniencia. Por tanto, no paramos. Hacemos la verdad relativa a nuestro propio juicio, a nuestras propias necesidades y a nuestra propia subjetividad. “Esto dice lo siguiente… pero la verdad no significa eso.” Y después nos preguntamos por qué el Espíritu parece estar ausente de nuestras vidas. Todos somos culpables de esto, o de ofensas semejantes. Todos nosotros, en un grado o en otro, en un sitio o en otro, nunca llegamos a detenernos por completo.

Mientras nos convenga y sirva a nuestros intereses, la verdad, como con el aviso de “Pare,” es obedecida. Cuando hay tráfico en la intersección, o cuando no podemos ver lo suficientemente lejos como para proceder con seguridad, entonces sí hay la voluntad de llegar a detenernos por entero. Pero, ¿qué sucede cuando parece que nada hay para ganar, que no hay ningún beneficio aparente al detenernos y que, en cambio, sí vamos a lograr algunos beneficios obvios por seguir? ¿Qué sucede cuando, como Eva en el huerto, examinamos el fruto prohibido ante nosotros, con más atención y decidimos que es bueno para comer, atractivo a los ojos y que nos puede servir para hacernos sabios? “Dios dijo que no lo comiéramos…pero en realidad quiso decir que… Ahí dice ‘Pare total’ pero realmente significa que…” Nosotros, simplemente, nunca ignoraríamos un aviso o señal. Disminuimos la velocidad, apenas como para aparentar obediencia a fin de satisfacernos a nosotros mismos y quizás a los demás, pero es sólo una apariencia. El asunto ya se decidió. Una vez que la verdad se ha hecho relativa para nuestros fines, sean viles o nobles, ha dejado de ser un fin en sí misma. La verdad que es relativa a nuestros objetivos y metas, no es otra cosa sino nuestra sirvienta. Pero, únicamente cuando se la ama y se la obedece, por sí misma, sin tener en cuenta su utilidad aparente, se convierte en Señor nuestro. El relativismo está en el propio corazón de la sabiduría mundana. El mundo celebra la tolerancia como una virtud cardinal y se encuentra preparado para tolerar todo ― excepto los valores absolutos y la verdad absoluta. Para la sabiduría y la iluminación del mundo, nada es más ofensivo y ridículo que lo que llama “dogmatismo.” Sin embargo, bajo la profesada preocupación del mundo por la complejidad de las circunstancias, yace un rechazo hacia cualquiera de los absolutos y hacia todos ellos. En su celo contra el “dogmatismo,” el mundo exalta la tolerancia por encima de la justicia y la rectitud y, por tanto, degrada la verdad.

Pragmatismo vs. Obediencia

El relativismo tiene sus frases típicas como: “Eso puede ser cierto para ti, pero no para mí.” “Todo depende de la forma como lo mires.” “Nada es blanco y negro.” De esta forma el adulterio, como la belleza, se reduce a una función de los ojos de quien mira y la sodomía pasa a ser un “estilo de vida alternativo.” Todos los valores y los juicios se disuelven en un nebuloso gris que todo lo penetra. Ese tono grisáceo es fatal para la verdad. Resulta de practicar el relativismo, de mezclar lo correcto con lo errado, lo blanco con lo negro, la luz con la oscuridad; pero Dios es luz y no hay ningunas tinieblas en Él. La luz es la verdad y lo grisáceo es un engaño y una mentira al igual, o quizás más, que la oscuridad. Las primeras palabras que Dios habló a una creación en caos fueron: “Sea la luz” y separó la luz de las tinieblas (Génesis 1:3-4). Este acto de separación jamás se ha anulado. La luz y la oscuridad nunca se pueden mezclar, como tampoco la verdad y la mentira. “Pare” quiere decir: “Deténgase por completo,” incluso cuando es inconveniente. La sabiduría del mundo siempre trata de deshacer las distinciones absolutas y eternas de Dios, siempre procura borrar los límites entre la verdad y las mentiras, siempre busca crear un tono grisoso en el cual se pueda redefinir y justificar lo que deseamos ser y hacer. El relativismo es muy atractivo porque, al contrario de la verdad, ¡es tan conveniente!

La Plomada de Dios de la Verdad es Absoluta

Dios ha puesto una plomada desde el cielo hacia abajo: verdad absoluta, justicia absoluta, amor absoluto. Esa plomada es Jesús mismo. Todas las cosas en Él subsisten. Fuera de Él todo se desintegra, todo va de regreso a un vacío informe. El universo no se mantiene junto “aproximadamente” porque Dios no es un Dios de aproximaciones. Jesús no es aproximadamente la verdad, el camino, y la vida. Por esto es que el Redentor no es muy popular. Él es absolutamente santo y verdadero y terriblemente inconveniente. Cuando dice: “Pare,” no quiere decir: “Disminuya la velocidad y deslícese con lentitud para atravesar.” El viene lleno de gracia… y verdad (Juan 1:17). El espíritu de este siglo es completamente antitético a tal Cristo y a tal verdad. Prefiere su verdad sin dientes, inofensiva y dócil, para usarla cuando conviene y luego ponerla tranquilamente de regreso en su lugar. Prefiere lo grisáceo.

Por tanto, se espera encontrar un tono gris en el mundo. Fue concebido en el principio por una mentira. La serpiente dijo a Eva: “No moriréis” (Génesis 3:4). Esta malvada era nació del principio que el fin justifica los medios. Vive por ese principio como su credo principal. El alivio de la soledad justifica el adulterio; el alivio del estrés y la inconveniencia justifica el aborto; el perfeccionamiento de la raza justifica el genocidio. El mundo, simplemente, está satisfaciendo su naturaleza espiritual cuando niega la verdad absoluta. El gris es su atmósfera preferida, su condición necesaria para sobrevivir. La Iglesia, sin embargo, fue engendrada por el mundo de la verdad. Es el único sitio de la tierra donde no se debería encontrar el tono gris. Dios es luz y nosotros somos hijos de la luz. A los justos se les caracteriza por su amor a la luz (Juan 3:19-21). La luz desvanece todos los tonos variables del gris; hace manifiestas todas las cosas. Los justos no deberían tener necesidad de morar en las sombras. No deberían tener fines personales, ni deseos que requieran de las sombras para su cumplimiento y su justificación. La palidez, lo borroso, lo gris, que son señales exteriores de vivir en un mundo de sombras de luz parcial, nunca se deberían ver entre el pueblo de Dios—ni en nuestros matrimonios, ni en nuestra adoración, ni en nuestros rostros—pues somos hijos de la luz.

Verdad Celestial vs. Sabiduría Mundana

Sin embargo, la triste realidad es que lo gris es la marca de demasiadas vidas cristianas. La luz de las verdades simplemente conocidas y profesadas, pero en las que no se camina, no es suficiente para dispersar las sombras que provienen del interior, y que se originan en el relativismo y el pragmatismo donde vivimos. Nuestras confesiones de la verdad se extienden sólo hasta las fronteras de nuestros propios intereses y conveniencias. Cuando llegan a los asuntos prácticos de nuestras vidas y nuestros ministerios, somos tan relativistas como el resto del mundo. Nuestro conocimiento es celestial, pero nuestra sabiduría es la sabiduría del mundo. Sabemos que la señal dice: “Pare,” pero todos en alguna forma y en algún sitio, encontramos una manera para justificar el atravesar sin parar. Y cada vez que lo hacemos salimos del ámbito del Espíritu de Verdad y entramos en el plano y en el dominio del espíritu de mentira.

Si la verdad fuese conveniente, entonces todo el mundo iría tras ella. Pero es precisamente el Espíritu de Verdad que el mundo no puede recibir. El mundo no quiere el Espíritu de Verdad porque es vergonzoso, es un obstáculo y una terrible inconveniencia. El mundo no tiene espacio para la verdad; está demasiado lleno de su propio espíritu y de su propia sabiduría. ¿Cuántos negocios no sufrirían una bancarrota y un colapso casi instantáneos si resolvieran basar todas sus ventas, sus propagandas, y sus cuentas de gastos en la verdad y nada más que la verdad, en espíritu así como en palabra? De acuerdo con la sabiduría del mundo, un hombre es tonto si paga todos sus impuestos o si devuelve el exceso de dinero que le entregó el cajero del banco o si trabaja su turno completo por el salario del día. Esa clase de veracidad para el mundo es más que tontería— ¡es peligrosa y subversiva! Es una amenaza para la supervivencia de todo un orden, un reto para las premisas sobre las que se basa todo el sistema mundial. El mundo se sacudiría y tambalearía si todas las verdades a medias, exageraciones y manipulaciones que lo mantienen en pie repentinamente fuesen haladas de debajo de el.

¿Qué pasaría si las iglesias y los ministerios cristianos resolvieran basar todo lo que hacen solamente en la verdad? ¿Continuarían llenándose nuestros buzones con las peticiones que nos llegan? ¿Serían tan prolíficos los signos de admiración? ¿Estaría subrayado todo desde “¡Ayuda!” y “¡Urgente!” hasta “¡Queridos hermanos y amigos!”? Cuando se comienzan a usar el cálculo y la manipulación, inclusive en una buena causa, los resultados son engaño. Si usted cede por un momento a la sabiduría del mundo, y deja aparte el elevado patrón de conformidad con el mismo Espíritu y no sólo con la letra de la verdad, entonces habrás cruzado la línea de separación entre el Reino y el mundo. Si usted comienza a exagerar su necesidad y a justificar su exageración porque es, después de todo, por causa de “el ministerio,” entonces va a terminar justificando mentiras y pecados evidentes. Si comienza subrayando “Urgente” por el simple efecto, entonces acabará subrayando de la misma manera “Queridos Amigos.” Una vez que se permite justificar no parar en la señal de “Pare,” es apenas cuestión de tiempo antes de ignorar por completo la señal.

La Verdad: Una Vigilancia Momento a Momento

Toda la tierra va a ser sacudida y esto incluye a la Iglesia. Sólo lo que es inconmovible, lo que está cimentado sobre la Roca de la Verdad, permanecerá en pie. Todo lo fingido y manipulador, todo lo corrompido por la sabiduría auto-justificativa del mundo se derrumbará por completo. Apelar, en el día del juicio de Dios, por el fin que hemos buscado no justificará nuestros medios impíos. ¿Cuál es nuestro fin si podemos hasta imaginar que se puede emplear un medio corrupto para lograrlo? El verdaderamente buscar glorificar y expresar la verdad de Dios nos impedirá utilizar la manipulación y el engaño. Podemos protestar que nuestro objetivo final es la gloria de Dios y el ministerio de Dios, pero la verdad es, que si empleamos la sabiduría del mundo y el espíritu de la mentira, nuestra propia fama y nuestra propia gloria es nuestro fin. La verdad en el lugar más íntimo de todos nuestros motivos requiere una vigilancia diaria, momento a momento, sin descanso de ninguna clase. Toda transigencia, sin importar lo mínima que sea, sirve para apartarnos más y más del Espíritu de Verdad, hasta cuando la santa paloma se aparta y nosotros sigamos, sin siquiera darnos cuenta que Él se ha ido.

Entre más urgente y más espiritual parece ser el fin, más tentador es recurrir al espíritu de la mentira para llevarlo a cabo. ¿Cómo expresa su necesidad si usted es un ministerio y no puede albergar a todos los que trabajan con usted, cuando se acerca un invierno de temperaturas extremas en el Norte de Minnesota? ¿Cuántas insinuaciones, cuántas sugerencias implícitas, cuántos llamamientos velados para obtener fondos, se justifican en una carta de noticias? Incluso una necesidad legítima no servirá de excusa para una mentira. Si algo no se puede decir a la luz, si requiere velos, sugerencias, o alguna especie de cubierta de sombras, entonces no se debería mencionar jamás. Hay una alternativa para la manipulación: confianza en Dios. Hablar la verdad es la evidencia de confiar en Dios; es siempre un acto de fe. El asunto de la verdad es el asunto de la fe. Si no podemos ser movidos a dar, o a arrepentirnos, o a hacer algo por una verdad sin adornos, entonces no nos movamos en absoluto. Nuestro amor a la verdad se mide por cuán cerca queremos estar a perecer sin buscar salvarnos con una mentira.

De la propia boca de Jesús salió una definición de un verdadero israelita, y por extensión podemos decir, de una Iglesia verdadera. Cuando vio a Natanael que venía hacia Él, dijo: “…He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño” (Juan 1:47). Aquella definición aún está en pie. El Espíritu de Cristo que se halla dentro de nosotros todavía salta al reconocer a un Natanael que entra en nuestra presencia. Natanael ni siquiera había dicho una palabra. No había expuesto ni una simple verdad doctrinal o una afirmación correcta en el momento en que Jesús lo identificó. Claro que era un israelita, un israelita verdadero, reconocible como tal, no por sus palabras sino por su total falta de engaño. Natanael andaba en la verdad, libre de pretensiones, de todos los significados ocultos, de todas las apariencias falsas. Andaba y vivía en la luz; y así lo demostró.

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