Menu

Online Resources


El Espíritu de Verdad 03: Capítulo 2

Email This Post Print Page Share/Bookmark

Capítulo 2

 La Verdad que Transforma

 

Forma Exterior vs. Realidad Interior

Ver la verdad como un espíritu en el que se debe andar, no solamente nos cambia de manera individual, sino también cambia nuestro entendimiento completo de todo lo que es la iglesia. Cuando la verdad se ve no más sino como una suma de verdades que se deben profesar, entonces la iglesia es vista apenas como una suma de individuos donde todos profesan las mismas verdades. Por esto es que pensamos que la iglesia está en la verdad sólo con base en lo ortodoxo o correcto de sus declaraciones doctrinales. Pero si la verdad es más que palabras y doctrinas, entonces una iglesia así como sus miembros individuales, necesita andar en la verdad a fin de estar en la verdad.

La condición espiritual de la iglesia no va a exceder la condición espiritual de sus miembros. ¿Cómo pueden nuestras relaciones ser más reales de lo que somos nosotros mismos? La intención de Dios consiste en que los cristianos sean el pueblo más verdadero sobre la tierra. Por tanto, la iglesia debería ser un refugio y un lugar de protección contra la hipocresía y el autoengaño del mundo, el lugar donde pueden acudir personas hambrientas por la verdad. Lo que constituye tal refugio, no es la cantidad de palabras, sino solamente las personas unidas que andan en la verdad, momento a momento.

El mundo está lleno de gente con discernimiento agudo que escruta a la iglesia. Nuestra profesión de la verdad ha atraído con más fuerza la atención sobre nosotros. Las personas en el mundo han aprendido a reconocer la pretensión y estan bien adoctrinadas en el arte del engaño. Saben todo sobre las conveniencias, lo pragmático, la insinceridad y la manipulación. Pueden sentir las relaciones superficiales. Si no encuentran en la iglesia nada esencialmente distinto a cuanto hay fuera de ella, si no ven una verdadera diferencia en la manera como se manejan el dinero y el poder, entonces no importa la cantidad de palabras, no importa cuán verdaderas puedan ser en sí mismas, la iglesia nunca los va a impresionar.

Una congregación, lo mismo que un individuo, puede tener apariencia de verdad. Se puede levantar sobre las doctrinas más ortodoxas y fundamentales. Puede tener señales de bendición y prosperidad en gran número y abundar en finanzas. Incluso, puede exhibir manifestaciones de dones espirituales. Pero, ¿expresa la verdad en lo más íntimo de su ser? ¿O en su interior hay disfraces de pretensión y evasión, con relaciones superficiales, amor fingido y animosidades indecibles que contradicen y perturban sus palabras y, de hecho, las hacen mentiras? Dios ama la verdad en lo íntimo. Necesitamos comenzar a reconocer la verdad como Él lo hace, lo que significa de acuerdo con nuestra verdadera condición espiritual y no con nuestra aparente condición exterior. Es lo genuino de nuestra paciencia y toleracia y nuestro compromiso para decir y oir la verdad en amor aquello que revelarán lo que realmente somos como iglesia—no el volumen o la frecuencia de nuestros “amenes,” “alabado sea Dios” y “aleluyas.”

Amor Y Verdad

Se puede objetar que hay mucho énfasis en la verdad cuando el amor es mucho más crucial para nosotros como individuos y como iglesia. Después de todo, ¿no dijo el mismo Jesús: “En esto conocerán todos que sois Mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”? (Juan 13:35). El amor es crucial, y tristemente está ausente, pero la razón para su ausencia tiene que ver ampliamente en cómo concebimos el amor en relación con la verdad.

El mundo está desesperado por encontrar amor y obsesionado con buscarlo. Hay un flujo incesante de palabras acerca del amor en la música, en la literatura, en los programas de radio y televisión, pero ¿acaso el mundo nunca ha sido tan vulgar, tan violento, tan enfermo y tan obsceno como en nuestros días? Siempre estamos persiguiedo el amor, pero nunca lo podemos encontrar. Lo que las personas llaman “amor” se rompe bajo la presión, degenerándose en rutina sin vida, o en concupiscencia, o en sentimentalismo. El mundo ha demostrado que le es imposible alcanzar el amor verdadero y la razón para eso no es difícil de descubrir. Jesús dijo,

Y Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce…” (Juan 14:16-17a).

El mundo, por definición, no puede recibir el Espíritu de Verdad, el mismo Espíritu por el cual el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. En la misma naturaleza del mundo, está buscar el amor aparte de la verdad y a costa de ella. El mundo busca fervientemente el amor pero no puede ni quiere recibir la verdad y, por tanto, no le es posible encontrar ni amor ni verdad.

El mundo renuncia al amor cuando se separa de la verdad. ¿Entonces, qué pasa dentro de la iglesia? ¿Vamos a encontrar más amor genuino que los que están fuera de la iglesia, cuando lo buscamos aparte del Espíritu de Verdad?

La segunda epistola de Juan comienza asi,

“El anciano a la señora elegida y a sus hijos, a quienes yo amo en la verdad; y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la verdad, a causa de la verdad que permanece en nosotros, y estará para siempre con nosotros: Sea con vosotros gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor” (2 Juan 1-3).

El apóstol del amor, cuya cabeza descansó sobre el pecho de Jesús en la última cena, menciona la verdad cuatro veces en tres versículos. Para Juan el amor y la verdad están tan entrelazados, tan unidos entre sí, que son inseparables y eso es porque son inseparables para Dios y, en consecuencia, deberían serlo también para nosotros, “…a quienes yo amo en la verdad…” dice Juan. ¿Hay alguna otra manera para amar? Si la hubiera, ya la huibieramos encontrado pues la hemos buscado con tanto empeño y durante tan largo tiempo para descubrirla. La verdad es amenazante para nosotros. Vivimos en temor de la verdad y así estructuramos nuestros matrimonios, nuestras relaciones y nuestras iglesias para aislarnos y protegernos de ella. La iglesia, la familia y el compañerismo han evolucionado hacia sistemas elaborados para evitar el conflicto y la exposición y para evadir cualquier problema. La misma forma en que las iglesias son construidas y la forma en que programamos los servicios están perfectamente organizados para mantener en lo mínimo cualquier participación verdadera en la realidad diaria de los demas. Entonces, en nuestros grados variables de aislamiento, separados efectivamente de todo contacto íntimo con Dios o con los hombres, clamamos desesperadamente por amor. Lo que conseguimos es un falso consuelo, una sanidad superficial y algunas racionalizaciones y excusas débiles. Nos damos abrazos de oso y unos a otros nos decimos: “Dios te bendiga,” y llamamos a eso amor, y continuamos en la pretensión que todo está bien, cuando todo se halla lejos de estar bien. El hambre que corroe nuestros corazones persiste. Comenzamos a aislarnos de la verdad a fin de protegernos. Pero terminamos aislándonos del amor. El amor no puede ser protegido escudándonos de la verdad; lo que hace es ahogarlo. Lo único que se preserva cuando nos refugiamos de la verdad es la mentira.

¿Habrá alguna significación en el hecho que Juan, el discípulo que habló sobre la verdad, fue también el que reclinó su cabeza sobre el Señor? Inclusive, él se refiere a sí mismo como el discípulo a quien Cristo amaba. ¿Hay alguna conexión? ¿Este afecto que compartían Juan y Jesús, tiene algo que ver con el amor a la verdad que muestra Juan? La cabeza de Juan pudo finalmente descansar sobre el pecho de Jesús, finalmente los cuestionamientos cesaron, y el temor y la soledad se disolvieron. El lazo de amor se selló y se aseguró porque nada había entre ellos, ningún aislamiento protector, sin nada que pretender, nada que ocultar. Estaban juntos en la verdad y, por tanto, unidos en amor. Si engañamos o somos indiferentes hacia la verdad, si todavía fingimos y pretendemos, entonces ¿en quién vamos a reposar nuestra cabeza?

Desesperadamente necesitamos poner nuestras cabezas a descansar sobre el pecho del Señor, tanto individual como colectivamente. ¿Qué nos lo impide? La respuesta no está tanto en nuestra teología como en nuestra incapacidad (¿o será en nuestra falta de voluntad?) para andar en la verdad. Quizá nos hemos apartado por habernos expuesto en forma muy dolorosa a una luz fría, desprovista de compasión, que se disfraza como la verdad. Necesitamos que se nos recuerde de nuevo que la misericordia y la verdad se encontraron (Salmo 85:10); que el Espíritu de la Verdad es el Consolador; que el Sol de Justicia siempre se levanta con sanidad y salvación en sus alas (Malaquías 4:2). La verdad, después de todo, no es el resplandor plano y muerto de un reflector de la policía. No es fría y sin vida; es un espíritu, y una misericordia suprema para todos aquellos que le dan la bienvenida y la aman.

Almas Purificadas

Para la falta de amor el remedio más descuidado y desatendido es una gran dosis de veracidad. Sin embargo, simplemente acumular más verdades no producirá más amor. Las verdades no son de valor a menos que penetren a nuestro corazón y nos hagan más verdaderos. El amor tan sólo puede existir en una atmósfera de verdad. En cualquier otro ambiente, independientemente de las palabras que se digan, el amor será por necesidad fingido y falso. Es una ilusión y una mentira creer que podemos amar o ser amados en verdad, mientras no se viva verdaderamente. La intecion de Pedro fue intensa cuando escribió, “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 Pedro 1:22). El amor no fingido necesita primero un alma purificada. Esto incluye un intelecto bien informado, pero es muchísimo más que eso. Sólo por obedecer la verdad mediante el Espíritu, y no solamente con el intelecto, podemos ser purgados de todo aquello falso y engañador, hasta cuando lo que fluya de nosotros sea amor no fingido para los demás. Sólo hasta cuando la verdad haya obtenido este nivel de profundidad, es vano esperar o exigir amor entrañable y ferviente.

Por esto los hombres conocerán que somos discípulos de Jesús, por el amor que tengamos los unos con los otros (Juan 13:35). Los hombres lo sabrán porque han de reconocer una clase completamente distinta de amor de la que han visto y conocido en otras partes, un amor que tiene sus cimientos y su origen en la más suprema verdad y realidad. Lo que necesitamos hacer es preguntarnos con toda franqueza hasta qué punto nuestro amor está en la verdad y hasta qué grado es más que una doctrina correcta o un sentimiento externo. Es relativamente fácil para un cristiano blanco profesar amor por su hermano negro, hasta que ese hermano se mueve a la casa vecina o comienza a ir a la iglesia. Es relativamente fácil derramar amor y preocupación por los judíos, hasta que nos encontramos con un judío de carne y hueso que saca a la superficie todo nuestro odio y envidia latentes. Profesamos nuestro amor por los demás y cantamos coritos sobre eso en la iglesia, pero afuera el mundo espera ver lo que sucede con nuestro amor cuando las circunstancias y las presiones de la vida lo pongan a prueba.

Dios está decidido a llevarnos a amar en verdad en todo o nada. O vamos a ser una demostración para el mundo de lo que es el amor verdadero o el mundo no verá el amor real. El amor fingido no será suficiente; sólo la verdad en lo más íntimo puede producir un amor sincero y ferviente hacia los hermanos. Así regresamos al asunto de la verdad. Lejos de ser un enemigo o un obstáculo para el amor, la verdad demuestra ser una condición previa, indispensable para el amor. El amor verdadero y real no se evapora a la luz de la verdad. El amor verdadero es la luz de la verdad. El único amor que la verdad de Dios va a disipar es el amor que no es de Él; el fuego de Dios consumirá lo que es temporal y falso, pero purificará y conservará lo que es durable y verdadero.

Topics: El Espíritu de Verdad | No Comments »

Comments

You must be logged in to post a comment.